El trabajo de los equipos multidisciplinares en la conservación-restauración llega a la cúspide de la profesionalidad, con criterios y metodología estrictos, avalados por la amplia experiencia del grupo de profesionales que lo componen.

La definición exacta de “equipo multidisciplinario” es un “grupo de personas con diferentes formaciones académicas, especializaciones y experiencias profesionales, para trabajar juntos en un proyecto”. Pero no es habitual encontrar en esos equipos a artesanos, pese a que sus “experiencia profesionales” son amplias y siempre enriquecedoras.
No hablo de incluir la opinión de éstos en los procesos de intervención. Por supuesto que mi posición es de rechazo absoluto al intrusismo que impera en ocasiones. Pero no hay que temer contar con la opinión de un experto profesional, de “obra nueva”, en los materiales que tratamos.
Nunca un restaurador podrá saber más que un artesano, con décadas de experiencia, de los materiales y técnicas de ejecución, que son la base de las obras que tratamos. No conoceremos mejor la madera que un carpintero, o el metal que los herreros u orfebres, o los recubrimientos vítreos que un ceramista, el trabajo de cantería que un tallista en piedra, o el comportamiento y técnica de tejidos e hilos que un bordador…
Estar orgullosos de nuestra profesión no debe derivar en la vanidad de creer que lo sabemos todo, pues cuando alguien lo cree comete el grandísimo error de “congelar” su crecimiento profesional y convertirse en un fósil.
Pero ellos, esos profesionales con años de experiencia, no tienen conocimientos con respecto a los criterios y metolodogía específica de la Conservación-Restauración. No conocen y/o no aplican la normativa, reconocida internacionalmente, así como las Cartas del Restauro.
En una obra en la que participe un artesano éste debe comprender las limitaciones, creativas o técnicas, que le imponga el restaurador, y el restaurador confiará en la calidad y profesionalidad del trabajo del artesano.
Restaurador en la dirección de la metodología, defensor de los criterios, aplicación de las normativas. Artesano con conocimientos de la técnica o fabricación del objeto, y cómo se pueden aplicar específicamente las directrices del restaurador.
Hasta aquí todo correcto y claro. El problema es que ambos parecen estar, en la mayoría de los casos, enfrentados. El restaurador considera que posee mayores conocimientos que el artesano. Y el artesano cree que por hacer una obra o pieza ya puede restaurar. Y todos los profesionales de la conservación-restauración hemos oído o dicho aquello de que “unos padres, pese a haber creado a sus hijos, cuando están enfermos no los curan ellos, sino que confían en los profesionales de la medicina”.
Pero el restaurador continúa mirando con recelo el intrusismo del artesano, y el artesano sigue pensando que el restaurador, con sus estudios de pocos años, no está suficientemente preparado.
Nunca se deja de aprender, y quien dice que lo sabe todo es un loco, un iluso o ha llegado al tope de su desarrollo personal. Por tanto, ya que no lo sabemos todo y no sabemos todo lo que tenemos que hacer, lo más conveniente es tener muy claro lo que no hay que hacer, aspecto que siempre es más limitado, que el infinito espacio del saber. Y nadie sabe mejor lo que no hay que hacer que un conservador-restaurador, aunque sólo haga meses que ha terminado sus estudios. Otra cosa es que sea leal a los principios profesionales.
Recuerdo el magnífico trabajo del orfebre Fernando Marmolejo en el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, incluso su participación en el Programa Orfebrería que la Institución llevó a cabo en 2004, y donde se establecieron los principios metodológicos de intervención.
Hace unos días visité, junto con unos compañeros, el Taller de Bordados de Sucesores de Elena Caro, en el que Carla Elena une la tradición del bordado, en un taller de más de un siglo de vida, junto a su formación académica: Licenciada en Bellas Artes en la especialidad de Conservación y Restauración, y con una vasta formación en Restauración de Tejidos.
En algunos casos, sólo en escasos casos, la unión es perfecta.