En 2007 se crea Hispania Nostra, una asociación sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública. Su finalidad: la defensa y puesta en valor del Patrimonio Cultural y Natural de España. Se apoyan en el conocimiento, la sensibilización y actuación. Lo más interesante, a mi parecer, es la participación social para la elaboración de las denominadas “Listas”.
La más conocida, la “Lista Roja” que contiene bienes patrimoniales con importantes deterioros y en peligro de desaparición, si no se actúa. La “Lista Negra”, contiene aquellos bienes ya desaparecidos, pese a estar incluidos con anterioridad en la “Lista Roja”, que difundió sus valores para evitar su pérdida.
Cualquier persona o asociación puede solicitar la inclusión de un bien en la Lista Roja, si creen que se puede encontrar en peligro o con progresivo deterioro, cumplimentando una ficha que se encuentra en su web (https://listaroja.hispanianostra.org/nueva-ficha/). El Comité Científico analizará la solicitud y recopilará la información necesaria, a través de los Delegados de zona.
En la imagen vemos la obra “El Jilguero”, del pintor holandés Cornelius Fabritius, fechado en 1654. Fue discípulo de Rembrandt y maestro de Veermer. Posiblemente, este pequeño lienzo (pues el pajarillo está pintado a tamaño real), fue su última obra. Ese mismo año, el 12 de octubre, moría en la explosión del polvorín de Delft, que destruyó casi una tercera parte de la cuidad, su casa y su taller, perdiéndose todas sus pinturas.
Fueron los holandeses los que iniciaron la pintura de aves, cuya temática denominaban “Conciertos de pájaros”. Algunos investigadores consideran que son una alegoría del sentido del oído, otros de la sabiduría. Paralelamente a su simbología, nadie niega su extraordinario colorido y su estética. Pero su contemplación no está exenta de inquietud, recelo e incluso desasosiego. Me pregunto si estas sensaciones no derivan de la famosa obra maestra de Alfred Hitchcock, “Los pájaros”.
En 2018 se declaró el día 3 de junio como Día Mundial de la bicicleta, aunque ya se celebraba “extraoficialmente” el 19 de abril de cada año.
Aunque comenzaron a fabricarse en el segundo tercio del siglo XIX, Leonardo da Vinci (no podía ser otro) diseñó el primer prototipo. Desde los primeros años contaron con gran aceptación, pues era un medio rápido y económico para desplazarse. Fueron una liberación de los carruajes compartidos o de las caminatas a pie. Conocidos son algunos fragmentos de los hermanos Lumière donde aparecen. Aquellos primeros años del cinematógrafo coincidieron con los primeros años de los, ya modernos, diseños de los velocípedos, como se denominaban entonces a las bicicletas y máquinas movidas mediante pedaleo.
En la actualidad, los conservadores-restauradores, nos movemos entre legislación, recomendaciones y cartas que indican, advierten y sugieren lo más conveniente para los Bienes Culturales, tanto en criterios como en metodología, de intervenciones de restauración y de conservación preventiva.
Pero estos Bienes Culturales existieron siempre, al igual que aquellas personas que velaron por su “conservación”, pese a que sus “praxis” no fueron siempre acertadas. Ahora, debemos plantearnos dos cuestiones. Primero, que algo hicieron bien, cuando disfrutamos aún de ellos, o de muchísimos de ellos. Y segundo, que debemos ser benévolos con ellos debido a los conocimientos y materiales de los que disponía en cada época. Dicen que la intención, en este caso buena, es lo que cuenta.
En este post quiero compartir con vosotros algunos puntos de las Ordenanzas para el Archivo General de Indias de Sevilla, normas dictadas en 1790, sólo unos años después de su creación. Normas curiosas, algunas anecdóticas, pero que dejan ver el respeto y el interés por la conservación de los documentos de albergaba.
Este año se cumplen 150 años del fallecimiento del poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer. Asimismo hacen 500 años que el papa Clemente VII encargaba a Miguel Ángel Buonarroti el proyecto de las tumbas de Lorenzo el Magnífico y de Juliano II, así como comenzaba el proyecto arquitectónico de la Biblioteca Laurenciana.
Las vivencias de la infancia influyen enormemente en la vida adulta. Pienso si ahora estaría escribiendo sobre el pintor Gustavo Adolfo Bécquer o el poeta Miguel Ángel.
Bécquer nació en una familia de pintores, entre los que destacaron su padre José Domínguez Insausti (que firmaba como José Domínguez Bécquer) y su hermano, Valeriano Bécquer. Al quedar huérfano a la corta edad de cuatro años, esas cualidades pictóricas innatas se interrumpieron, entrando en el Real Colegio de Humanidades de San Telmo, en Sevilla, rodeándose de los escritores de la época, relaciones que terminaron en grandes amistades.
Miguel Ángel nació en una familia que había perdido el prestigio del que disfrutó años atrás. Pese a ello su padre intentó conservar una cierta posición social, trasladando a su hijo a Florencia para estudiar Gramática con el gran maestro Francesco da Urbino. Pero, como decía el propio artista, el hecho de tener una nodriza esposa de un picapedrero de la cantera de mármol de Settignano, le hizo mamar el amor por el mármol.
Así, si leemos:
Aquí fue donde mi amor me quitó,
por merced, el corazón y la vida;
aquí me prometió con bellos ojos
su ayuda, y con ellos negarla quiso.
Más allá me ató y acá me ha soltado;
por mi lloré y con dolor infinito
aquí desde esta peña vi marcharse
al que a mí me quitó y no me quiso.
Difícilmente, hablando de Bécquer, pensemos que es un soneto escrito por Miguel Ángel. Se encontró en el reverso de unas trazas arquitectónicas que se relacionan con la Biblioteca Laurenciana.
Por otro lado, si contemplamos este dibujo, directo y suelto de trazos:
Creo que en este punto del post ya captaréis que se trata de un dibujo de Gustavo Adolfo Bécquer, perteneciente al denominado “Primer álbum”, fechado en 1855.
No existen pintores, escultores, escritores, diseñadores….sólo existen artistas que crean productos estéticos para deleitar, expresar, emocionar o provocar la reflexión. Pues decía Marc Changall que «El arte es sobre todo un estado del alma.»
Sobre la poesía de Miguel Ángel puedes consultar el magnífico artículo «Algunas notas a la poesía de Miguel Ángel» de Francisco L. González-Camaño, que se encuentra fácilmente online.
O si quieres apreciar los dibujos de Bécquer, puedes descargar el álbum en:
El trabajo de los equipos multidisciplinares en la conservación-restauración llega a la cúspide de la profesionalidad, con criterios y metodología estrictos, avalados por la amplia experiencia del grupo de profesionales que lo componen.
Taller centenario de Bordados Elena Caro
La definición exacta de “equipo multidisciplinario” es un “grupo de personas con diferentes formaciones académicas, especializaciones y experiencias profesionales, para trabajar juntos en un proyecto”. Pero no es habitual encontrar en esos equipos a artesanos, pese a que sus “experiencia profesionales” son amplias y siempre enriquecedoras.
No hablo de incluir la opinión de éstos en los procesos de intervención. Por supuesto que mi posición es de rechazo absoluto al intrusismo que impera en ocasiones.
Un día deseé unirme a este ilusionante proyecto, que hoy es ya casi una realidad. En 2018, el escritor y gestor cultural Enrique Bocanegra, junto con otros socios, adquieren un inmueble en la calle Padre Luis María Llop de Sevilla. Nada sería interesante ni reseñable aquí si no fuese porque en esa casa nació y vivió, los años más felices de la vida de una persona, esa etapa que llaman infancia, el más importante pintor español de todos los tiempos. Era la casa donde nació Diego Velázquez en 1599.
No sólo se considera un pintor español, como otros artistas de la historia, sino que su arte se extiende a nivel mundial. Es conocido por profanos, admirado por los amantes del arte y envidiado por artistas de todos los tiempos. Como lo definía Luis Eduardo Aute (“Trilogía de luces y sombras”) pintó el aire, enunció la realidad, reveló la fotografía, impresionó la luz…